EN RECUERDO DE UNO DE NUESTROS HÉROES: IÑAKI IZAGUIRRE

Por Jagoba Sedano Garay

El pasado día 28 de marzo, silenciosamente, en una habitación donde no olía a linimento ni se oía el traqueteo de los tacos, falleció uno de los jugadores legendarios de nuestro club, Iñaki Izaguirre Rementeria. Tenía 93 años, habría cumplido 94 no mucho después, y durante varias temporadas defendió con nobleza los mismos colores que visten hoy sus sucesores, el rojo y el blanco.

Sus gestas quedan tan lejanas en el tiempo que para la mayor parte de los que se acerquen a este artículo se tratará de alguien desconocido, pero para los que creemos que recordar a nuestros ilustres mayores no solo es un ejercicio de nostalgia sino algo necesario para entender la esencia de lo que hoy somos, resulta un acto de justicia evocar a uno de nuestros más antiguos héroes, que hasta hace solo unos días fue testigo vivo de una época tan remota como gloriosa.

Iñaki Izaguirre era de aquellos hombres que se forjaron en la dureza del fútbol modesto de los años 50 del siglo pasado, entre barro, balones pesados y choques. Fuera de Llodio a veces le identificaban como “Eizaguirre” seguramente por la confusión que producía el que un gran portero internacional de la época, Iñaki Eizaguirre, casi fuera su homónimo, y sus compañeros le conocían como “Zollo”, por su lugar de origen. Era un defensa aguerrido y fuerte, porque en su tiempo sólo así se podía sobrevivir en la retaguardia, formada únicamente por dos zagueros y luego, tras la introducción del sistema de la WM, por tres.

Dio sus primeras patadas al balón en Zollo, poco después de que desapareciera el club federado que hubo en su pueblo, y en 1949 ingresó en el filial del CD Villosa, al que para rememorar el nombre originario anterior al patrocinio de la empresa Vidrieras de Llodio, S. A. (Villosa), se le denominó SD Llodio. En plena temporada 1949/50, con tan solo 17 años, pasó al CD Villosa junto con un chaval superdotado que luego sería campeón de Liga y de Copa con el Athletic e internacional, José María Maguregui; entró en un equipo que se encontraba en la máxima categoría regional de Bizkaia, entonces denominada Primera, y lo dejó al término de la campaña 1955/56, con la escuadra llodiana consolidada en Tercera División.

Nunca ahorró esfuerzos, y con cada salto al cielo y cada entrada al suelo colaboró en los primeros grandes éxitos de nuestro club, siempre al lado de su inseparable compañero de defensa, Angel Aguinaga, otro “duro”, éste, de Dos Caminos, que concentraba en una sola frase su filosofía del fútbol y de la vida: “Como jugador no valgo un pimiento, pero con once como yo le ganamos al Athletic”. Ellos, junto a Borde, Mozas, Romarate, Verde, Ochoa… construyeron los cimientos de nuestra historia. En 1953 la escuadra laudioarra conquistó su primer gran éxito, el Campeonato de Bizkaia de aficionados, una prestigiosa competición que enfrentaba por el sistema de Copa a todos clubs de Bizkaia menos el Athletic, y lo hizo ganando al Erandio (2-0) en la final de San Mamés.

Iñaki Izaguirre observa atento al portero en la final del Campeonato de Bizkaia de aficionados disputada ante el Erandio en un San Mamés lleno.

En 1954 llegó el primer ascenso a Tercera División (cuando la categoría respondía a su propio nombre, es decir, era el tercer nivel del fútbol español) después de haber pulverizado al Santoña en una doble eliminatoria por un global de 9-0. El 12 de septiembre de 1954 el Villosa debutó en aquella Tercera, enfrentándose en el desaparecido campo de Altzarrate al Basconia en un emocionante derby sin goles, y el 24 de octubre de ese mismo año consiguió su primer resultado de prestigio en esa categoría, un empate (2-2) en el campo del poderoso Burgos CF. En enero de 1954, en plena autarquía de España, el Villosa fue capaz de disputar su primer partido internacional, un amistoso contra el SC Germania Nürnberg, donde los llodianos no tuvieron piedad, 3-0, del equipo alemán-federal, representante de un fútbol que ese verano vería a su selección nacional proclamarse campeona del mundo, en el célebre “milagro de Berna”.

Para calibrar la importancia que Iñaki Izaguirre tuvo en aquel Villosa, basta decir que estuvo presente en todos y cada uno esos hitos, con su rostro serio y concentrado, y con su entrega sin límite, como sólo eran capaces aquellos jugadores que sentían el fútbol como una cuestión de honor, aunque lo pagaran caro. En Burceña se fracturó la clavícula en un partido de Liga en el que el Villosa, además de la retirada del terreno de juego de Izaguirre, padeció la expulsión de tres jugadores y, por si fuera poco, jugó con Borde y Guinea con puntos de sutura en la cabeza, pese a lo cual acabó empatando a un tanto, y como corolario de sus combates, una grave lesión en una rodilla, en una época de pocas sofistificaciones quirúrgicas, anticipó su retirada.

Pero Iñaki nunca se quejó de sus heridas de tantas batallas, pasó de futbolista a futbolero, fue uno de los impulsores de la fundación del CD Miravalles (hoy CD Ugao) en 1964, y siempre guardó al Villosa en ese rincón especial donde residen los recuerdos que nos hacen sonreír en los días tristes, manteniendo hasta unos meses antes de su fallecimiento su estampa de aguerrido defensa, aunque ya no desafiara a los delanteros sino al paso del tiempo. Descanse en paz el viejo león, el guerrero, el caballero.

Iñaki Izaguirre forma en un once del Villosa. Es el cuarto por la izquierda en la fila de pie.